
En el Taller de Nazaret, en un trabajo pobre y duro, se daba como en ningún otro lugar el encuentro con Dios y con el hermano, la realización plena de la persona y su felicidad. Allí enseñó José a trabajar a Jesús. Allí Dios se hizo solidario con todos los trabajadores/as. ¡Por solidaridad! se hizo hombre y llevó, como uno más, una vida de trabajo.